Enseguida, hicimos un trabajo en parejas donde combinamos el toque de fascias con movimiento. Una persona elegía un punto del cuerpo de su pareja para empezar a estirar su fascia y a partir de éste estímulo, el que estaba siendo tocado comenzaba a moverse para llevar el estiramiento hasta su máximo. Alcanzado este punto, debían buscar otra parte del cuerpo para repetir el procedimiento. al principio el ejercicio es lento para poder sentir claramente los caminos de la fascia, pero pasado un tiempo, se empieza a volver sumamente dinámico y fluído, y el cuerpo comienza a expandirse deliciosamente...En esta segunda sesión de exploración de fascias, fue mucho más fácil acceder a la sensación de las fascias y de la increíble sensación de integración que provocan.
Después, comenzamos estudiar otro tema que me intriga y apasiona: las tres capas del hueso. Solemos pensar en los huesos como algo muerto, rígido, inerte....nada más lejos de la realidad. Nuestros huesos están llenos de vida y continuamente se están amoldando en respuesta a la gravedad y a nuestros hábitos posturales. Y más allá de eso, en nuestros huesos hay memoria, fortaleza, energía, emoción...
En esta sesión exploramos la primera capa del hueso, el periostio. Podemos pensar en el periostio como la piel del hueso, llena de conexiones nerviosas y de irrigación sanguínea. Trabajamos en parejas el toque de periostio y después individualmente, través de toque y movimiento. En esta exploración fue de mucha ayuda el tener consciente la fascia y el tejido muscular envolviendo y deslizándose contra el periostio de los huesos.
Al final, les pedí que escribieran sobre sus experiencias el explorar el periostio. Una imagen muy bella que surgió de una de las participantes:
"imagino el periostio como raíces que abrazan a los huesos y penetran profundo hacia la médula, de donde se nutren. Los huesos son la tierra y el periostio sus raíces"
y otro comentario que me encantó: "Siento todo mi esqueleto resbaloso por dentro"
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